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Cuando Tom se vuelve Onán

junio 1, 2008

Muchas veces, cuando deslizo mis dedos por donde nadie, sino yo, lo ha hecho, me imagino tu rostro y tus ojos que no sé por qué son verdes. Y agudizo mi oído para lograr escuchar en mi respiración lo que podría ser el sonido de la tuya. Luego, poco a poco, trato de impregnarme del sudor de mi piel que, de pronto, se volvió morena. Entonces estás tú y yo ya no estoy solo, pero luego el dolor en mis dedos, que ese comportamiento obsesivo-compulsivo me ha provocado, me recuerda que eres mío sólo en mis fantasmas. Y entonces lloro.

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