Archive for 30 junio 2008

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Ánimo

junio 30, 2008

Últimamente he estado deprimido. Sí, he llorado las dos últimas noches, pero ya fue suficiente. A veces es bueno llorar, neta, porque te libera de muchas cosas que llevas cargando por un buen rato.

Como sea, cuando me deprimo una de las cosas que hago para sentirme mejor (y vaya que funciona) es ver este par de videos que están en TuTubo. Sí, son bastantito cursis, pero de verdad que son como una inyección de ánimo diréctamente en la carótida.

Disfruten.

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Top 5 de las 5: Muertes

junio 29, 2008

Publico con un poco de retraso, pues hoy salí en la tarde con un amigo (saludos, tocayo xD); pero acá está.

ADVERTENCIA: El siguiente post contiene gruesos y jugosos spoilres de Harry Potter, Death Note, Dancer in the Dark, Elfen Lied y Dragon Ball Z.

Read the rest of this entry ?

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Gracias

junio 25, 2008

Es sencillamente increíble y paradójico como tú, mejor que nadie, sabes elevar mis ánimos.

Tú lo sabes, que yo daría todo lo que tengo por la oportunidad de estar a tu lado para toda la vida. Pero no va a ser así; así es la vida.

A veces me he preguntado, ¿no sería mejor olvidarte? ¿Y si nunca te hubiera conocido? Seguramente mucho sufrimiento me ahorraría. Pero si me dieran la oportunidad de volver a vivir mi vida, no haría una tontería tal como renunciar a tu persona.

Eres el mejor amigo que alguien como yo pudiera desear. Porque me entiendes y me apoyas, me escuchas, me quieres. Porque me aceptas con todo lo que soy y lo que tengo.

No eres sólo mi mejor amigo: eres uno más de mi familia.

No espero que nadie lo comprenda. A mí incluso me cuesta trabajo comprenderlo. Pero te doy las gracias, porque eres tú y eres como eres.

Dicen por ahí que “el hecho de que alguien no te ame como quisieras no significa que no te ame con todo el corazón”. No sé quién ni en dónde lo dijo, y suena cursi hasta la madre, pero el tremendo cariño que siento en tus ojos es la pureba de que es cierto.

Te quiero, hermanito. Te quiero con toda el alma.

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Lo que pasó en los últimos diez minutos

junio 20, 2008

Vi, por tercera vez en mi vida, tu torso desnudo. En ese instante sentí que el aire se me iba de los pulmones y la fuerza de las piernas. Sentí nauseas y una enorme dificultad para respirar. No podía pensar claramente y mis manos temblaban.

Ahí estaba tu cuerpo casi desnudo. Y sus comentarios. Sus comentarios que estúpidamente sentí que eran sólo para mí “muéranse de envidia”, ¡muérete de envidia! ¡Muérete de envidia, Fargok, porque nunca, entiende, nunca será para ti! ¡Muérete de envidia porque este cuerpo es mío y de nadie más!

Después de eso apagué con dolor la computadora, me recargué contra el escritorio y volví a llorar (¡yo no quería volver a llorar en tan poco tiempo!). Después volví a prender la computadora y salí de mi cuarto. Bajé las escaleras y, para cuando estaba en el jardín, ya estaba corriendo. Y corrí, corrí, corrí durante un minuto o menos, tan rápido que casi me caigo. Mis piernas no me obedecían: sólo corrían con toda la furia de mi corazón.

Entonces volví a mi cuarto e inmediatamente mis dedos comenzaron a escribir furiosamente, terriblemente, mientras trataba de borrar de mi mente la imagen de tu pecho desnudo con esas dos palabras que nunca serán para mí.

Perdóname.

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Amor mío

junio 11, 2008

Amor mío, mi amor…
Jaime Sabines

Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.

Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.

Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,

voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

Dios, amor, ¿por qué tiene que ser tan difícil? Ay… me dueles mucho, me dueles en los tenis y en las orejas. Me dueles en los pies, más cuando están descalzos. Y también me dueles en las ojeras.

Ah, y en el chocolate, no lo olvidemos.

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Trabajo de secundaria

junio 8, 2008

Antes tenía un blog donde publicaba muy esporádicamente mi creación literaria. Sin embargo, ahora he decidido que todas esas cosas las pondré en este mismo blog. Este cuento fue escrito en diciembre de 2007 y está basado en una historia real. Por supuesto, he corregido algunos pequeños errores a la hora de colgarlo aquí. El resultado me gustó y espero que a ustedes también. Saludos.

Trabajo de secundaria

-Maestra, ¿le permite salir a Fulano?

Sabía a lo que se atenía. Sus piernas temblaban debajo del pupitre cuando escuchó esas palabras. Desde fuera del aula hablaba un chico pálido y delgado, muy bien peinado y muy bien portado: el favorito de todos los maestros. La profesora hizo una seña y Fulano se levantó de su asiento, salió del salón y escuchó las burlas de sus compañeros, los siseos y los “uuh” mientras la profesora gritaba para callarlos.

Caminaron por los pasillos durante un minuto. Fulano lo había cronometreado: desde su salón hasta el baño era un minuto, caminando sin prisa, como en ese momento. El chico pálido entró primero y él entró después.

Fulano se había pasado todo el camino observando sus pies, y no se dio cuenta sino hasta ese momento que el otro chico también estaba temblando. No había nadie en el baño, como no había nadie en los pasillos. Estaban en medio de una hora de clase, así que estaban relativamente solos.

-Bueno…

Esa muletilla sonó para Fulano como una molesta regla de metal cayendo al suelo. Se había perdido observando sus agujetas, como esperando que le hablaran, cuando el otro chico habló. Se encerraron en el cubículo después de mirar hacia todos lados varias veces, y el chico pálido se desabrochó el pantalón. Fulano se hincó y observó el pálido miembro de su compañero. Nunca había visto otro que no fuera el suyo y el de los actores porno que, por lo general, lo tenían enorme, y no le pareció la gran cosa; a ojímetro calculó que debía medir unos catorce centímetros, apenas un poco menos que el suyo propio.

Se lo metió a la boca con asco y saboreó algo salado. Luego, cerrando los ojos muy fuerte, lamió y succionó como si fuera un dulce, repitiéndose para sus adentros “es un dulce, es un dulce”.

De pronto, escuchó el grito ahogado del otro chico y abrió los ojos; el pálido lo empujó con brusquedad y se subió los pantalones, mientras Fulano quedaba aturdido, hincado en el asqueroso suelo, junto al inodoro. La puerta del cubículo se abrió y el rostro del conserje se tornó en una mueca extraña entre asco y asombro.

Fueron a caer en la oficina del director y no salieron de ahí hasta que las madres de ambos llegaron. Las dos mujeres profirieron gritos y amenazas, luego fueron calmadas por el señor viejo y bigotón que tenía esa escuela a su mando y finalmente hubo un diálogo tenso y molesto en el que ninguno de los dos muchachos participó.

Las cosas quedaron así: el chico pálido elevaba hasta el cielo la imagen de la escuela, así que fue dispensado. Fulano fue expulsado, aunque a todos se les dijo que se había mudado de ciudad y que por eso había dejado la escuela. Eso fue cierto: la madre se llevó a Fulano a vivir a la capital, donde había tanta gente que se mareaba. A nadie se le contó el incidente, y el conserje recibió una interesante suma de dinero que aseguraba mantenerlo más mudo que una jirafa.

Cuatro años después, cuando Fulano iniciaba sus estudios de licenciatura, se volvieron a encontrar. El muchacho pálido estudiaba arquitectura en la universidad, y Fulano estudiaba ingeniería, así que estaban bastante cerca uno del otro. Sólo conversaron una vez, y Fulano se enteró que el otro había salido del clóset en la prepa y que, a pesar de que su madre lo había corrido de la casa, estaba muy bien, pues vivía con otro muchacho mayor y trabajaba en las tardes como mesero en el bar donde su novio bailaba. Al final de su plática, le pagó a Fulano los cincuenta pesos que le había prometido durante la secundaria por el trabajito y se despidió de él, con una enorme sonrisa en la cara.

Y Fulano nunca más tuvo experiencias con otro hombre, pues se sentía bastante convencido de su gusto por la mujer. De todas maneras, practicó durante un tiempo yoga, con la esperanza de, algún día, alcanzar…

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Got papas

junio 7, 2008

Había una vez una muchacha que se robó muchas, pero muchas papas, porque había leído en algún lado que las papas hacen a los niños más inteligentes, vivos y felices. Sin embargo, como vivía en un país donde el sistema judicial era soberbio, no pasó mucho tiempo después de haber robado las papas cuando le cayó todo el peso de la ley y fue encarcelada. Pero la policía no contaba con que la cantidad industrial de papas que comió harían de la muchacha una mujer súper fuerte que fácilmente pudo romper los barrotes y escapar de su celda.

Nuestra heroína llegó en un cucero del caribe a un lujosisisisisisisísimo hotel en donde, usando sus poderes mágicos, logró robar una porción del enorme guardarropa que tenía una preciosa y millonaria duqueza que ahí se hospedaba (la muchacha necesitaba cambiarse porque las rayas horizontales del uniforme de la prisión la hacían ver gorda).

Cuando iba saliendo de la prisión, la chica se encontró con un hombre muy apuesto. El nombre de él realmente no importa, lo importante es que estaba MUY BIEN… rasurado… así es: todos los días al levantarse usaba toda clase de artilugios para tener la rasurada más suave y al ras y, gracias a ello, se había convertido en el hombre más guapo del mundo. Nuestra chica cayó rendida a sus pies en cuanto lo vio y empezó a pensar en qué podría hacer para conquistarlo. Por suerte para ella, el hombre era vegetariano, así que usó su increíble arsenal de papas para lograr que se fijara en ella; de inmediato se enamoraron y huyeron juntos a las praderas.

Los dos tórtolos enamorados eran un par de vagos (ella se la pasaba comiendo papas y él no hacía otra cosa que rasurarse), por lo tanto no tenían ni un puto centavo para vivir. A duras penas lograron comprar una casa de campaña y ahí se instalaron (en medio de las praderas). A pesar de su humilde estado, la mujer-papa y el hombre-gilette eran felices y tuvieron tres hermosos hijos en su casa de campaña, en donde vivieron durante cinco años.

Los hijos de la familia Papa Gilette eran más inteligentes que House, L, Freud, Hermione, Darwin y Benito Juárez juntos, y también un poco gordos (ambas dos cosas debido a que su dieta consistía únicamente en papas), así que pronto, cuando apenas tenían tres, cuatro y cinco años, estaban post graduados en Harvard. Los chamacos se dieron cuenta que no era bueno vivir para siempre en una apestosa casa de campaña en medio de las praderas y unieron sus mentes para inventar un sistema de telecomunicaciones tan barato y funcional que, en un par de meses, orillaron a Carlos Slim a dedicarse a la cría de gallinas.

Gracias a la asombrosa inteligencia de los niños, la feliz familia pudo volverse muy rica y comprar una hermosa casa a la orilla del mar, decorada completamente de blanco y negro (para los niños era como vivir en un enorme tablero de ajedrez, lo cual estaba bien, pues, como ya dije, eran muy inteligentes y es por todo el mundo bien sabido que a la gente inteligente le gusta el ajedrez). La mujer pudo comprarse mucha ropa como la de la duqueza y, de hecho, compró a la propia duqueza, que ahora es la ama de llaves de la casa ajedrez.

Y este es el fin de esta hermosa y conmovedora historia que yo escuché de un horno de micro ondas que tomaba el sol en una playa conocida. Es una historia real y si se la mandas a todos tus contactos ellos te odiarán. Garantizado.

Fin.

Nota y justificación innecesaria: mis compañeros de francés y yo inventamos esta historia basándonos en una serie de imágenes que sacamos al azar de una revista, a saber: una publicidad de papas, otra de L’Oreal en la que una muchacha doblaba con furia unos barrotes, un artículo sobre rasuradoras y rastrillos, una foto de una mujer muy bien vestida, un cartel sobre un crucero, la foto de una casa de campo y la de una casa de campaña y no sé qué más. No tiene sentido, claro, pero sólo era para practicar un poco el idioma al momento de contar una historia y utilizar los tiempos verbales correctamente. Nos reímos mucho… por lo menos yo (de hecho, creo que ahora creen que estoy loco).