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Soneto

abril 18, 2008

A ti, amor, que me provocas sentimientos encontrados.

Dulcísimo y maldito rey esquivo,
que buscas encontrarte en mi quebranto,
sábete bien: la fuente de mi llanto
no eres tú: amor, por ti no vivo.

Pérfido amor, de perfil tan altivo,
que amo más aún que al dulce canto,
que sé elevar a condición de santo
o de demonio, con menos motivo.

Amor, amor, no busques conmprenderme,
como, por cierto, no hago yo contigo,
que miedo tengo a que quieras perderme,

pues en la lejanía de mi castigo,
jamás, mi amor, quieras o no creerme,
podré servir a vos de dulce trigo.

Nos hemos vuelto enfermizos. No puedes negarlo. No soy hipócrita: soy pendejo; yo no callo, no más, y no digo que no me arrepiento, porque sí lo hago. Pero no por las palabras, sino por los efectos. Amor, te tengo mucho miedo, y me duele mucho que seas como eres: yo tengo huesos de cristal, y tu eres muy rudo: a veces, cuando soy sensible, me rompes, y crees que soy pendejo por ello, pero, sea o no sea cierto, quiero que sepas que así soy y que es mentira que no vaya a cambiar o que no quiera hacerlo: siempre querré mejorar, por ti y por muchos otros móviles.

No puedo ser tu amor, la lejanía nos condiciona. Y por eso no sufriré más, porque la virtualidad no es un buen espacio para hacerlo. El mundo da muchas vueltas y es muy pequeño, así que no me cerraré, pero no olvides que yo acepto y me dejo moldear, pero que, aunque no lo demuestre, tengo muy claras mis convicciones y mis ideas. A veces creo que crees que puedes dominarme, pero en el juego de la vida, el dominio no es en realidad una jugada certera. Amor, eres egoísta e injusto, pero así te quiero. Si quieres, quiéreme; si no, no voy a llorar. Mi amor, no eres amor, porque aunque te amo, no puedo amarte más allá de las letras. Tal vez algún día, pero no hoy.

No te comprendo, no puedo hacerlo. Y ya hablar no tiene sentido, pero te lo digo aquí (y aquí nunca he mentido): cada noche, cuando dirijo mis palabras al cielo, a aquél en quien decidí creer, eres el primer aspecto a tratar. Ante la imposibilidad de hacer algo más, trato de cuidarte tan siquiera así.

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5 comentarios

  1. ¿Cómo diablos lo haces? en verdad… cada vez que leo algo tuyo me identifico como no tienes idea… muy bien escrito… te adoro.


  2. valla señor; ya era hora de que me endulzaras las pupilas y me conmovieras las fibras sencibles de mi corazón de pollo con esa poesia magica que tanto te admiro!!!


  3. El acero se templa con calor y golpes. Así tu cuerpo y lo que llevas dentro se va templando como el acero para ser, pronto, duro y flexible, tajante y acariciador.
    Un soneto muy meritorio, por cierto.


  4. Adoración. Locura, qué hermoso texto. Yo opino que eres re lindo. Me has hecho suspirar bastante. Besitos.


  5. Solo puedo decir Wow, y secundar el comentario de Leks.

    En serio, ¿cómo lo haces?



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