Archivo de 20/04/08

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Cuando un Best Seller es buena literatura

Abril 20, 2008

¿Por qué El código Da Vinci es malo?

¿Es malo porque su narración es sencilla, agradable y fluida? Claro que no. Una crítico soberbio podría decir que sí, pero no es cierto. El grado de dificultad de la lectura no son factores que determinen la calidad de una novela (la concordancia entre tema, público y dificultad, sí).

¿Es malo por tratar un tema polémico y, además, de manera poco realista? Claro que no. Uno puede escribir sobre elefantes voladores que destruyen al Vaticano y violan a la Virgen y hacer una verdadera obra de arte. El tema no es un factor que determine la calidad de una novela.

¿Es malo por las incongruencias históricas y por los terribles errores a la hora de describir la arquitectura y las obras de arte? Claro que no. Existe una cosa llamada contrato de veridicción; no porque sea imposible que existan los Oompa Loompas Charlie y la fábrica de chocolate es una mala novela. La congruencia entre el mundo real objetivo y el mundo ficcional no es un factor que determine la calidad de una novela (si así fuera, TODAS, y cuando digo TODAS quiero decir todas con mayúsculas, TODAS las novelas serían malas).

Estas cosas no hacen de El codigo Da Vinci una mala novela. Tampoco la hacen buena; en realidad es entretenida, como una película palomera, pero no es trascendental en la literatura, es una más del montón, pero mala… Bueno, en realidad es mala. Pero, ¿qué la hace mala? Si no es el tema, ni el estilo, ni la incongruencia, ¿qué hace de El código Da Vinci una mala novela?

Bueno, cada crítico tendrá su opinión, pero para mí -que ni me acerco a ser pseudo crítico- es porque El codigo Da Vinci es una novela pretenciosa.

Es una página, y, particular, dos líneas, la razón de que que sea mala:

“Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces.” (p. 11)

Estas palabras están fuera del discurso narrativo. Su función es informativa y no estética. Brown, en estas líneas, miente. Y no se supone que en un discurso como éste se digan mentiras. Brown, en estas líneas, demuestra que su afán no es artístico; demuestra que lo quiere es joder a la gente (y la Santa Iglesia cayó en la trampa, pues más le hubiera valido ignorarlo); demuestra, pues, que sus intenciones son engañar. Dan Brown, en estas líneas, da fe de toda su pretención.

Ahora algunos dirán: “¡Gooooey! ¡Estás hablando de un tema pasado de modaaaaa!”, y tendrán razón, pero en realidad al hablar de El código Da Vinci sólo quiero dar una introducción a lo que realmente quería decir, y que diré en el próximo post, por razones de espacio, tiempo y otros eufemismos para decir hueva.

Nos vemos.